
Pues allí estábamos una tarde mi sobrina –tiene 7 años- y yo, sentados en un sofá. Le estoy ayudando a hacer los deberes, pero en una de estas, y sin venir a cuento, exclama: “!Hasta el infinito y más allá!”. Me hace gracia que salga con eso, y le pregunto: “¿Te acuerdas de qué película es esa frase?”. Pero ella ni siquiera responde; ya ha cambiado de tema, ahora lo que le interesa es que “Te voy a enseñar un dibujo que hice, mira, lo tengo en esta libreta”. A mi me fastidia que no haga ni caso a lo que le pregunto. Es habitual en ella; los niños suelen anteponer lo suyo, ya se sabe. Le repito la pregunta, pero nada, ella sigue parloteando sobre el dibujo que busca y rebusca en la libreta. Tras insistir un par de veces, al final me enfado. No es que sea nada grave, claro, pero recuerdo que lo hace a menudo y pienso que deberíamos corregirlo. “LUCIA, TIENES QUE HACER CASO A LO QUE TE DICEN CUANDO HABLAN CONTIGO”, le digo muy severamente. Ella levanta por fin los ojos de la libreta, me mira sonriente y dice: “Es de la película de los juguetes que hablan”. Hmm, vale, hablamos de Toy Story y del robot Buzz Lightyear, y aprovecho para sacar el tema del inglés; ‘toy’ y ‘story’ parecen buenas palabras para que las vaya aprendiendo...
Esa noche veo el programa científico ese de Punset. En una de sus peroratas cuenta que un psiquiatra al que entrevistó una vez llevaba una camiseta con esta frase: “Mamá, no es que tenga déficit de atención, es que no me interesa lo que me dices”. Me hizo gracia, y me puse a pensar cuánto le puede costar aprender a un niño la convención social de hacer caso a su interlocutor aunque el asunto no le interese lo más mínimo o ya tenga la cabeza en otro tema mucho más apasionante, como enseñar a su tío un dibujo nuevo...
Al día siguiente mi cuñada me cuenta lo mucho que me quiere Lucía, porque antes de acostarse le ha dicho: “Mamá, quiero al tito hasta el infinito y más allá”.
(Lucía lleva unos zapatos blucher en piso de goma fina de nobuk color verde botella a juego con unas medias de pompón que realzan un precioso vestido de Pequeña Pizpireta. La diadema y la pulsera son de El tulipán azul.)
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Comentarios:
Ana P.2012-01-12
Je, je, típico de los niños, nunca sabes por dónde te van a salir.... por cierto, precioso el conjunto y la foto, la niña está hecha un brazo de mar. Responder a este comentarioSonsoles García2012-01-12
Me encanta la foto, tiene un aire nostálgico, como esas fotos antiguas de nuestros abuelos. Me gustan todos los detalles, hasta esa maleta tan bonita... Responder a este comentarioCustodia - Gales B.2012-01-13
Gracias, Sonsoles. Si, la foto quedó para enmarcar. La maleta la encontré en una tienda de regalos y decoración de Gijón que se llama Melusina. Me gustó tanto que me llevé tres, porque vienen genial para decorar un escaparate. La de la foto es la mayor de tres tamaños. Responder a este comentario